Martes, 11 Mayo 2021 00:00

Factores pedagógicos que atentan contra el aprendizaje cooperativo en la educación superior

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Fotografía de dominio público, tomada Pixabay

 

 

*David Quintana

En la actualidad, uno de los mayores problemas en el ámbito educativo lo constituye el declive del rendimiento académico y la carencia de habilidades de socialización. A raíz de esta situación, han surgido una diversidad de metodologías participativas como la denominada “aprendizaje cooperativo.” que, como lo señala Laguna (2015), a pesar de sus múltiples beneficios no logra insertarse en el contexto universitario. En este sentido, el propósito del ensayo, consiste en describir como la visión tradicional de la educación, la carencia de formación docente en metodologías activas y las debilidades en competencias actitudinales en el estudiantado, se convierten en tres factores pedagógicos que impiden el aprendizaje cooperativo en la educación universitaria, conforme se expone a continuación. 

El predominio de una visión bancaria de la educación, regularmente se convierte en un primer factor que obstaculiza el fomento de experiencias participativas. (Freire, 1970) Esto se debe a que, por una parte, a nivel universitario el ejercicio de la docencia suele caracterizarse por el desarrollo de clases magistrales que restringen la interacción entre estudiantes en el aula. Bajo esta perspectiva, los estudiantes cuentan con pocas oportunidades para construir aprendizajes colectivos Por otra parte, como lo afirma Abellán (2018), desde la práctica docente se promueve el desarrollo de situaciones de aprendizaje competitivas, que más allá de fortalecer el trabajo colectivo terminan reforzando conductas individualistas en el estudiantado. Ejemplo de ello, son la entrega de premios a estudiantes con mayor desempeño académico, asignación de puntos por cumplir “x” actividad, entre otras. 

El segundo factor pedagógico influyente en el uso de la metodología del aprendizaje cooperativo es la formación del profesorado. Esto se debe, de acuerdo con Laguna (2015), a que, muchos docentes que si cuentan con una orientación curricular que priorice el abordaje de este tipo de estrategias didácticas son capaces de reproducirlas en su ejercicio profesional. Por el contrario, aquellos que la carecen se ven ampliamente limitados para su puesta en práctica. Así mismo, otro aspecto a considerar es que, gran parte del claustro docente de las Universidades se capacita en “ciertas competencias requeridas para una oportunidad laboral,” pero que, no necesariamente terminan siendo utilizadas en las situaciones de aprendizaje que se construyen en el aula. Conforme estos posicionamientos, se requiere a nivel universitario un currículo que favorezca este tipo de metodologías y sobre todo que sean utilizadas. 

El tercer factor, lo compone la carencia de competencias actitudinales que demanda el aprendizaje en grupo. Este planteamiento, resulta explicable, al considerar que, por un lado, en los diversos niveles del sistema educativo no se construyen ni estimulan las bases actitudinales del aprendizaje cooperativo, según lo confirma una investigación realizada por Andrade y Santos (2019), donde concluye que “el 60% de los alumnos no aprenden de forma cooperativa,” dado que, durante su formación no desarrollaron las habilidades conductuales necesarias para trabajar y aprender en grupos. Es decir, no cuentan con las bases necesarias como liderazgo, tolerancia, escucha activa, colaboración, entre otras, sobre las cuales se consolida el aprendizaje cooperativo. 

Por otro lado, la variedad de estilos y ritmos de aprendizaje del estudiantado no siempre representan una garantía para el aprendizaje en grupo, puesto que, sus potenciales y dinámicas de trabajo representan un desafío al momento de construir experiencias de trabajo en equipo en el que todos los integrantes del colectivo se sientan favorecidos. (Laguna, 2015). Lograr esto último resulta complejo, pues las diferencias entre los estudiantes al no ser bien orientadas pueden no favorecer el aprendizaje cooperativo, sino el individual. 

Conclusión

        Aprender de forma cooperativa en la educación superior se torna una acción compleja, debido a la incidencia de tres factores pedagógicos. El primero de ellos, lo constituye el predominio de una visión reduccionista y tradicional de la educación que obstruye el fomento de experiencias participativas (Freire, 1970), mientras que el segundo corresponde a la necesidad de formación docente en el uso de esta metodología y finalmente, el tercero se refiere a la carencia de las competencias actitudinales que requiere este tipo de aprendizaje, por parte de los estudiantes universitarios.


Referencias bibliográficas

Abellán, M. C. (2018). El método de aprendizaje cooperativo y su aplicación en las aulas. Perfiles educativos, XL(161), 181-194. Obtenido de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=132/13258436011

Andrade, A. B., & Santos, I. S. (2019). Aprendizaje cooperativo. Estudio diagnóstico desde la perspectiva de los docentes. Revista Conrado, XV(67), 200-204. Obtenido de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1990-86442019000200200&lng=es&tlng=es 

Freire, P. (1970). ¿Extensión o comunicación? La concientización en el medio rural. México, Siglo XXI Editores.

Laguna, L. R. (2015). El trabajo cooperativo. Revista internacional de apoyo a la inclusión, logopedia, sociedad y multiculturalidad, I(2), 57-66. Obtenido de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=5746/574661395009


 * Catedrático e investigador de la Universidad Luterana Salvadoreña

Visto 253 veces Modificado por última vez en Miércoles, 12 Mayo 2021 22:24