Jueves, 17 Septiembre 2020 00:00

Escenario actualizado de la llamada Nueva Guerra Fría. Estados Unidos, Rusia y China

Fotografìa de dominio público, tomada Pixabay

 

 

 


Armando Briñis Zambrano*


La nueva Guerra Fría es una expresión acuñada por el geopolitólogo estadounidense Joseph Stroupe para referirse a la guerra de estrategias por el control de los recursos energéticos del planeta que libran las grandes potencias mundiales. Según Stroupe, por un lado se encuentra occidente, principalmente Estados Unidos y el Reino Unido, quienes buscan unilateralmente obtener supremacía sobre la energía nuclear y los recursos energéticos de Oriente Medio. Por otro lado está el oriente liderado principalmente por Rusia y China. Rusia es el mayor proveedor de gas natural y, después de Venezuela, posee las mayores reservas registradas de petróleo, y busca usar el monopolio interno de estos para restaurar su influencia sobre los asuntos mundiales. China, debido a su explosivo crecimiento económico, busca una estabilidad y garantía de surtimiento de petróleo y gas que la hagan menos vulnerable a la inestabilidad de los mercados del petróleo (Stroupe W.J. 2004)       .

 

Lo anterior nos lleva al viejo dilema de a quién llamar si se quiere hablar con "Europa", teniendo en cuenta que hoy se aplica el término de "Occidente" en su conjunto, con unos líderes debilitados en el Reino Unido y Alemania, la humillación del presidente Emmanuel Macron por la revuelta de los Chalecos Amarillos en Francia en protesta al intento de subida de los impuestos, una Alemania donde se van en retirada los efectivos militares estadounidenses acantonados desde la 2da Guerra Mundial y la profunda división de Estados Unidos sobre su papel en el mundo. Todo de repente ha agudizado el vacío de liderazgo en las llamadas democracias liberales del mundo. Hoy todavía más agravada (la debilidad) en la situación pandémica que aún se vive y donde el país del norte es el más afectado con casi 150 mil muertos y 4 millones de infestados, la economía en caída libre y las manifestaciones anti raciales agudizadas ante una política de la administración Trump de mano dura contra ellas.

 

Luce que no hay liderazgo de Europa o de Estados Unidos en lo que se podría llamar el Occidente, y esto da margen de maniobra al presidente ruso, Vladimir Putin, o al presidente de China, Xi Jinping, planteando la cuestión de si este "Occidente" sigue siendo una entidad significativa o con capacidad de liderazgo, o si su actual situación es coyuntural o ya permanente.

 

La respuesta al choque del mes de noviembre de 2018 en el Mar de Azov, donde la marina rusa disparó y se hicieron con tres buques navales ucranianos que iban rumbo a puertos ucranianos, pasando por mares que reclama Rusia como suyos luego de la anexión de la península de Crimea, mostró el posible impacto del actual vacío de liderazgo. Occidente se mantuvo paralizado ante la posibilidad de un ataque mayor contra Ucrania y ningún barco aliado (europeo) navegó hacia el mar en patrullas de libertad de navegación, como sí lo hicieron y lo hacen (sobre todo Estados Unidos) para desafiar los reclamos de China sobre las aguas territoriales en el Mar de China Meridional. Tampoco se anunciaron nuevas sanciones a Rusia. La respuesta internacional más dura al choque del 25 de noviembre provino del presidente Donald Trump, que canceló una reunión planificada con Putin durante la cumbre del Grupo de los 20 en Argentina y fue una respuesta diplomática, sin implicaciones directas. Luego ha mantenido los contactos con Putin he incluso ha sondeado la posibilidad de incluir nuevamente a Rusia en el formato del G7 + 1 (Rusia) que se celebrará en los propios Estados Unidos.

 

Macron, que se ha autodenominado autodefensor del orden liberal occidental, estaba luchando en ese momento por su supervivencia política contra manifestantes nacionales sobre el impuesto al combustible y hoy sigue a la defensiva. En Gran Bretaña, la primera ministra, Theresa May, luchaba por vender un acuerdo para cumplir el resultado de la votación del Reino Unido de 2016 a favor de abandonar la UE y finalmente tuvo que dejar el cargo a Boris Johnson. Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, sigue ocupada en tratar de controlar su partido gobernante de la Unión Demócrata Cristiana, o en la búsqueda de un sucesor, por sus aparentes problemas de salud. A la vez enemistada abiertamente con el presidente Trump.

 

Rusia, dijo que simplemente respondió a una provocación por parte de los barcos ucranianos que entraron en sus aguas frente a Crimea, que Rusia se anexó en 2014. En los días siguientes, los líderes europeos dijeron que todavía estaban tratando de averiguar qué sucedió exactamente y aun cabiendo la posibilidad de que hubiese sido una provocación ucraniana, de todas formas no hizo nada ante el creciente poderío ruso y su influencia geopolítica, incluido el Medio Oriente,  donde la victoria del ejército sirio de Bachar Al Assad es incuestionable hoy en día. Solo Alemania se opone firmemente a conversar con Rusia y hasta Francia habla de la necesidad de una alianza con Moscú que evite la consolidación de las relaciones chino-rusas.

 

Parece que describimos un proceso que comenzó antes de la elección de Trump en Estados Unidos y que reveló transiciones dolorosas en todo el llamado mundo occidental. Los resultados incluyen las discrepancias entre Estados Unidos y Europa sobre cómo tratar a Irán, entre los Estados del Golfo Pérsico sobre cómo responder al islam político y entre Turquía y sus aliados occidentales tradicionales sobre el tema kurdo y otros asuntos. En este momento Turquía y Rusia, junto a Irán, se yerguen como los principales interlocutores en el conflicto sirio y a pesar de sus diferencia han mantenido una alianza que contrarresta la otrora hegemonía estadounidense en el área medio oriental. Si no existiera el Estado de Israel, posiblemente la presencia del otrora coloso del norte brillara por su ausencia. 

 

Ya en marzo del 2014 el periódico publicado por el Comité Central del Partido Comunista de China, 'Renmin Ribao' ('Diario del Pueblo'), escribió una editorial donde planteó que "el acercamiento estratégico entre China y Rusia se convierte en un ancla de estabilidad global" y que la "Rusia, liderada por Vladímir Putin, hizo que Occidente se diera cuenta de que en una guerra fría no hay vencedores" (RT. 12 agosto 2019). De esta línea geoestratégica China ya suman 6 años.        .

 

El alejamiento de un orden mundial que durante los siglos XIX y XX fue definido por el occidente europeo y los Estados Unidos está resultando caótico y las llamadas “potencias emergentes”, Rusia y China, combinando el poderío militar de una y el poderío económico de la otra parecen enfocar un nuevo orden mundial, más multilateral; pero no menos agresivo en las relaciones internacionales posmodernas.

 

Consideramos que el declive estadounidense puede favorecer el acercamiento entre Europa y Asia como un nuevo centro estabilizador del mundo, lo cual lleva a un cambio colosal de los centros de poder. Existen fuerzas de atracción mutua que tiran a Europa y Asia en forma conjunta. Además, el creciente vacío de poder, debido al declive económico, diplomático y militar estadunidense, aunado a una oposición creciente a su política exterior unilateral y militarizada, alimenta un amplio y acelerado realineamiento de estados en la masa territorial euroasiática (Rusia, China, Irán, Turquía), donde éstos prosiguen una creciente independencia de Estados Unidos y un acercamiento más estrecho entre los socios euroasiáticos.

 

Los últimos dos años han demostrado los límites reales del poderío militar estadounidense  en general, por lo tanto, la disminución del poder militar de Estados Unidos es real y es percibido porque Estados Unidos carece de las fuerzas considerables que alguna vez tuvo, está muy desplegado y sobrecargado en sus compromisos militares a nivel mundial, ya no los puede mantener económicamente y de diversas maneras ha mostrado vulnerabilidades a los métodos de ataque asimétricos propuestos por las potencias emergentes como Rusia y China. Hoy la situación económica estadounidense es aún peor, con una caída de su economía afectada por la epidemia del 34 %.

 

Estados Unidos, la última superpotencia, no puede dictar y controlar los eventos globales y regionales como solía hacer. Pese a su poderío técnico militar, no puede controlar los eventos en Siria para aportar estabilidad y paz. Este hecho trae implicaciones y repercusiones regionales y globales. El aura de la omnipotencia virtual estadunidense, apoyada por su inigualable poder militar, ha sido severamente ultrajada y se está colapsando. Para el mundo entero, se exhibe ampliamente la inhabilidad militar de la última superpotencia para someter y controlar en forma efectiva a un país como Siria, luego del empuje de la Rusia de Putin. 

 

Hay que conceder una enorme importancia a Rusia como vínculo entre Europa y Asia, por su relación entre Europa y China y como partícipe directo del nuevo orden mundial en gestación, opuesto al poderío unilateral militar y económico de los Estados Unidos en el mundo. La alianza ruso-china, donde se combina el poderío militar ruso y el poderío económico chino se yerguen proyectando una sombra agigantada sobre la geopolítica internacional y los intentos estadounidenses de cercar económicamente a China, en esta era de la globalidad económica, no parecen tener éxito.

----------------------------------------------------------------------------------------------------

 W Joseph Stroupe es editor en jefe de GeoStrategyMap.com, una revista geopolítica en línea especializada en análisis y pronósticos estratégicos. Puede ser contactado por correo electrónico a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 


*Doctor en Ciencias Históricas. Director de Investigaciones de la ULS.

Visto 359 veces Modificado por última vez en Jueves, 17 Septiembre 2020 21:49