Jueves, 28 Mayo 2020 00:00

La feminización de la pobreza y la violencia en tiempos del Coronavirus

Fotografía de AFP tomada de artículo de BBC.

La feminización de la pobreza y la violencia en tiempos del Corona virus

Deysi Cheyne*

 

Hablar de pobreza y violencia en la vida de las mujeres salvadoreñas, en un contexto de pandemia global desatada por el Coronavirus, requiere algunos datos estadísticos que den cuenta del grave panorama en el que nos halla este complejo fenómeno sanitario.

 

Un estudio reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre el impacto de la pandemia del Corona Virus en Centroamérica, República Dominicana, Haití y México, señala que la pobreza en nuestro país se elevaría de un 28% a un 39%, incrementando el número de pobres a 600,000, los cuales se sumarían a los 2.2 millones de salvadoreños que ya viven en pobreza y representan el 28.8 % de los hogares, según la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) de 2018. Además, la clase media podría reducirse del 22% al 17% de la población1.

De acuerdo a esta encuesta, además, solo el 10.3% de los propietarios agropecuarios de tierra son mujeres, muchas de las cuales se ven obligadas a trabajar en tierras que son prestadas o alquiladas. Su ingreso promedio mensual es de 152.56 dólares aproximadamente, la mitad del salario mínimo urbano. Solo una de cada cinco niñas asiste a la escuela en el área rural. Y un dato importante es que los trabajos domésticos y de cuido recaen casi exclusivamente en las mujeres, que llegan a tener jornadas de hasta 16 horas diarias. En el ámbito rural, dice la encuesta, los hombres apenas aportan un 13.8% del total del trabajo de cuido2.

Hace 5 años (2015), un informe de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) y la UNICEF reveló que la mayoría de familias salvadoreñas son del tipo nuclear, le siguen las familias extensas y en tercer lugar están las monoparentales, las cuales en su mayoría están encabezadas por mujeres (85%); y son pocos los casos en los que el jefe de hogar es un hombre, pero si esto es así, él es mayor de 60 años. Un dato preocupante de este informe es el aumento de jefas de hogar menores de edad con altas probabilidades de deserción escolar y el impedimento de oportunidades laborales en el futuro y el hecho de que entre el 21 y 23 por ciento de niños entre 0 a 5 años están viviendo en familias monoparentales3.

El representante de UNICEF en ese momento señaló que tal situación tiene implicaciones muy fuertes, en el sentido de que “si la mujer ejerce un doble rol de mamá y de generadora de ingresos tiene que tomar difíciles decisiones: que, si trabajo, quien va a cuidar a mi niño, y si no trabajo, quien me va a dar el apoyo para cuidar bien a mi niño”. Agregó que “es alarmante el aumento de familias monoparentales, donde no están presentes los dos padres, sobre todo, donde el jefe de la familia es principalmente una niña, que está entre los 14 y 17 años de edad. En todos los casos, explicó, es necesario destacar que ya sean familias extensas, monoparentales o nucleares, “la familia que sea, las familias en zonas rurales están en peores condiciones sociales y económicas que las familias en zonas urbanas”4.  

Un estudio reciente, presentado por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), refleja que un total de 2.4 millones de salvadoreños habitan en el área rural, de los cuales, el 38% son pobres y un 10.5 % vive en pobreza extrema, por lo cual, el Estado salvadoreño debería invertir un 6.41 % del PIB en el desarrollo rural5.

Paralelamente a estos niveles de pobreza, El Salvador también destaca en índices alarmantes de violencia social que es necesario relevar. Al inicio de la pandemia, la Policía Nacional Civil reportó que durante el mes de marzo 2020 se produjeron únicamente 65 asesinatos, un promedio de 2,1 por día, una reducción adjudicada a la cuarentena decretada por el gobierno. Entre el primero de enero al 31 de marzo, hubo un descenso del 59.2% en las muertes violentas, en comparación al mismo periodo en 2019, según la PNC, destacando que el 2019 se había cerrado con 2.398 homicidios, un promedio anual de 6,6 muertos al día y una tasa de 35,8 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, el mes de abril cambió este alentador escenario, cerrando con 142 homicidios a nivel nacional, lo que representa una reducción de un 58 por ciento de los asesinatos reportados en el 2019. De acuerdo a la PNC, entre enero y abril se registraron 441 homicidios frente a 1060 del año pasado.

Adentro de estas cifras se ubican también las muertes de mujeres. Cifras proporcionadas por ORMUSA (Organización de Mujeres Salvadoreña por la Paz), indican que entre el 17 de marzo y el 29 de abril del presente año, fueron asesinadas 13 mujeres y que las denuncias por violencia hacia las mujeres han incrementado en un 70%. “La violencia contra las mujeres es una pandemia que ha estado presente desde hace muchísimo tiempo, persiste incluso en tiempos de emergencia”, dijo a la Red Informativa de ARPAS, Silvia Juárez, abogada de ORMUSA. Los feminicidios se produjeron en los departamentos de Cabañas, Chalatenango, San Salvador, Usulután, San Miguel y La Paz. Según Juárez, “la violencia hacia las mujeres se ha agudizado durante la cuarentena debido a que se convive más con una persona agresora y violenta, sumado al estrés que se produce por estar mucho tiempo en el mismo lugar, ocasionando ambientes hostiles para toda la familia”6.

Pobreza y violencia siempre han tenido rostro de mujer. Por eso las feministas vienen hablando desde hace décadas de “feminización de la pobreza y la violencia”. En 2009, las Naciones Unidas reconocieron que “las crisis financieras y económicas” tenían “efectos particulares sobre las cuestiones de género y constituían una carga desproporcionada para las mujeres, en particular las mujeres pobres, migrantes y pertenecientes a minorías”. Los recortes del gasto público en el sector social inciden negativamente en la economía asistencial, agravando las responsabilidades hogareñas y asistenciales de las mujeres (ONU, 2009).

En la post pandemia, tenemos que prever un incremento diferencial en los niveles de pobreza entre mujeres y hombres, o en hogares a cargo de mujeres, debido a las desigualdades basadas en el género. La perspectiva de género nos debe servir para agudizar mucho más la mirada y evidenciar las nuevas formas de pobreza y violencia en la vida de las mujeres.

 

El creciente empobrecimiento material de las mujeres, el empeoramiento de sus condiciones de vida y el riesgo de más violencia a partir del confinamiento que ha implicado la pandemia, son factores que están vulnerando más sus derechos fundamentales. Por eso, los movimientos de mujeres en El Salvador deben estar atentos a esta problemática para que la estrategia de reconstrucción nacional post pandemia tenga una visión de género, que implique un adelanto en el desarrollo, la igualdad, la equidad y la dignidad de las mujeres y nunca un catastrófico retroceso.

 

 

* Investigadora docente y coordinadora del Comité de Género de la Universidad Luterana Salvadoreña.

 

 

 

3 El informe de FUSADES y UNICEF se titula “Una mirada a las familias salvadoreñas: sus transformaciones y desafíos desde la óptica de las políticas sociales con enfoque hacia la niñez". 

4 Representante de UNICEF, Jonathan Gordon Lewis, para El Salvador, en 2015.

5 ICEFI (2020)."Bases Fiscales para el Desarrollo Rural en Centroamérica". Recuperado de: https://www.laprensagrafica.com/economia/38--de-poblacion-rural-de-El-Salvador-vive-en-pobreza-20160517-0080.html

 
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