Sábado, 09 Septiembre 2017 00:00

Las TIC y el aumento de las brechas sociales en El Salvador

Carlos Molina Medrano

No es un secreto que la educación salvadoreña está a la deriva. En un artículo pasado, nos referíamos a la falta de rumbo de la educación. La historia lo demuestra, pero también nos lo repite constantemente el presente. En aquel momento se hablaba de que solo un proyecto de país donde los principales sectores se pongan de acuerdo, le podría dar un rumbo a la educación salvadoreña.

En los últimos días hemos visitado varias instituciones educativas públicas, también hemos visitado algunas instituciones privadas. Las diferencias son cada vez más abismales. No solo por el tiempo efectivo que emplean para estudiar, sino también por la adopción de nuevos enfoques educativos como lo cultural y artístico, el desarrollo de habilidades prácticas y el uso cada vez mejor de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), entre otras.

La realidad nos va develando que no hay ni siquiera posibilidades de pensar en un proyecto de país a mediano plazo, elemento nodal para que la sociedad vaya transitando por otros senderos. Sobre este aspecto, parece ser que lo único que hay que esperar es que las viejas fuerzas político electorales llamadas ARENA y FMLN vayan viendo su ocaso, porque visos de transformación tampoco se vislumbran.

De paso, es necesario recalcar que la  educación debe convertirse en un eje fundamental de una nueva sociedad, una sociedad que vaya superando la violencia estructural. Pero lamentablemente lo que constatamos es que el sistema educativo salvadoreño se ha vuelto un reproductor de violencia. Esas brechas educativas son, sin falta, un tipo de violencia estructural, donde el Estado se convierte en su principal promogestor. Es urgente detener ese avance.

En muchas ocasiones, en los debates generados a partir de los artículos que escribo, o por comentarios que hago en las redes sociales, donde me refiero a la incompetencia del Estado y en particular de los gobiernos de turno sobre la ausencia de políticas públicas sobre las TIC en el ámbito educativo, inician por comentar del mal estado de las instituciones educativas públicas y de la falta de recursos, que tal como se constata cada año que las visitamos, la situación es  verdaderamente deplorable. Pero, también, no se habla de la displicencia de una buena parte del sector docente que contando con recursos tecnológicos no lo aprovechan adecuadamente.

Podemos entender la falta de motivación ante un panorama de país sombrío, ante un panorama institucional que raya lo decepcionante. Sobreviviendo institucionalmente, por ejemplo, con lo que dejan económicamente  las concesiones de  los cafetines escolares. Sin energía eléctrica, sin Internet, sin mobiliario adecuado, sin los directores en los centros educativos públicos, atareados de asuntos administrativos.

Si embargo, justo ahí, se teje otra gran brecha que aumenta la violencia estructural. En una investigación que hemos emprendido como Universidad Luterana Salvadoreña, nos vamos dando cuenta conforme revisamos la información, que con recursos limitados la mayoría de instituciones públicas cuentan con equipo tecnológico funcionando. Pero que éste no está al servicio del desarrollo de habilidades, sino que está ahí, en muchos casos, para un aprendizaje muy básico y elemental que no aporta al desarrollo de capacidades desde las edades tempranas en los estudiantes.

Encontramos que hay un uso variopinto de las aulas informáticas y los Centros de Recursos de Aprendizajes (CRA), los primeros donde se forma a los estudiantes en temas de uso de Sistemas Operativos y Ofimática, sobre juegos que ayudan a mejorar las habilidades motrices y cognitivas en la educación inicial.

En el caso de los CRA, su diseño es para que los docentes desarrollen actividades formativas dentro del aula equipada con computadoras y con recursos audiovisuales, donde los estudiantes se movilizan para el empleo de otras técnicas didácticas de mayor eficiencia en el aprendizaje. Su diseño es así, pero en muchas ocasiones su uso no es ese, sino el simple uso de juegos para la divagación del estudiante o una hora libre para hacer lo que el estudiante desee.

Mientras tanto, una gran variedad de educaciones privadas desde educación inicial hasta media, encuentran y conectan cada vez más con una pedagogía más enfocada con el aprendizaje. Jóvenes con una capacidad muy grande de creación, capaces de diseñar proyectos que no envidian a los niveles universitarios, que antes de llegar a primer grado saben leer y escribir, sumar y restar, que saben declamar, que encontraron amor por el baile, por lo artístico, por lo cultural, por el deporte en varias disciplinas.

Jóvenes que cuando culminen su bachillerato tendrán muchas habilidades en el uso de las TIC para ponerlas al servicio de su aprendizaje. Para ponerlas al servicio de sus proyectos de vida, de sus proyectos innovadores, de sus proyectos emprendedores. Ojalá, también, y ese es el principal reto de las instituciones privadas, emplear el uso de las TIC para criticar esta realidad ominosa que vivimos, para desenmascarar al Estado como creador de brechas, mismas que contribuyen a institucionalizar la violencia, que es el caldo de cultivo para que la violencia en forma de delincuencia nos desgarre la vida como en estos días.

Sin denunciar estas brechas, sin advertir que las TIC están sirviendo para profundizar la brecha entre ricos y pobres, entre los que se insertan o no en el mundo laboral, entre los que tienen o no posibilidad de salir de los lugares donde la violencia y la delincuencia gobiernan. Sin denunciar que el sistema educativo promueve estas brechas, no podemos pensar en algún espacio para la esperanza.
 

* Docente Investigador y Coordinador de Licenciatura en Ciencias de la Computación..

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