Sábado, 11 Marzo 2017 00:00

¿El fin del actual Estado salvadoreño?

 

 

Carlos Molina Medrano*

La noción de Estado que el salvadoreño suele configurar en su cabeza está muy relacionado con el gobierno. Entiende el Estado a partir de lo que el gobierno puede o no hacer por su grupo familiar, por su comunidad, por su municipio y por el país.

Esa noción es peligrosa, porque el Estado es una forma de organización política en una sociedad, que a través de un conjunto de instituciones y poderes, regula (violentamente) la vida en dicha sociedad. A tales poderes e instituciones se les conocen como órganos de gobierno.

Recientemente, el gobierno salvadoreño ha comenzado a implementar otro pliego de medidas de corte neoliberal, que han dejado a sectores de clase media y baja sin acceso a subsidios de servicios que forman parte del consumo básico de una familia salvadoreña, como lo son la energía eléctrica y el gas propano. Faltando de implementarse en este pliego, el recorte del subsidio al servicio de agua potable, y, el inminente aumento del IVA.

Estas medidas son impulsadas por un gobierno que se ha visto obligado a aplicarlas, ante el despilfarro de los recursos estatales después del llamado periodo democrático de nuestro país, pero que también, ha participado activamente en la aplicación de las recetas del Fondo Monetario Internacional y en la misma corrupción.

Dichas medidas separan aún más al Estado de la ciudadanía. El discurso de que solo se trata de “focalizar” los subsidios, para dejárselos a los más desposeídos, no deja satisfecho a nadie. En ese sentido, estamos frente a un Estado que como organización política ha dejado de ser legítimo, en tanto que la ciudadanía sinte que éste no tiene peso en su vida, en su grupo familiar, en su comunidad y mucho menos en su país. La ciudadanía puede palpar que el Estado y sus órganos de gobierno están totalmente desconectados con sus intereses más mínimos. Entonces el Estado no existe, no es esa fuerza y esa conciencia del pueblo que decía Hegel.

Mientras los impuestos crecen en cantidad y en cuantía, el Estado se debilita cada vez más, perdiendo territorio frente a las pandillas y frente a lo privado. La salud ya no es un servicio que acerca el Estado, la verdadera salud se encuentra en el ámbito privado, reservado para los ciudadanos que mejor han aprovechado esta era neoliberal o los que han logrado ser parte del aparato estatal.

La educación de mediana calidad, no es un derecho que el Estado está en capacidad de garantizar. Solo la pueden garantizar un grupo muy pequeño de instituciones privadas dedicadas al negocio de la educación, reservado para los que tienen posibilidades económicas para poder pagarla. La escuela pública hace alarde de su baja calidad educativa producto del descuido sistemático y hasta premeditado de los gobiernos. De igual forma, todo el conjunto de servicios estatales, en general, son de pésima calidad.

Con estas medidas impulsadas, entonces, el Estado desaparece cada vez más de la vida de sus ciudadanos, cavando la tumba para su fin y apareciendo con fuerza la necesidad de refundar el Estado, o también, aquella idea del padre Xavier Gorostiaga de que Centroamerica tendrían una descomposición de sus tejidos sociales y una especie de somalización en territorios indígenas, zonas campesinas, y un incremento de la inseguridad ciudadana. Estamos cada vez más cerca de esa línea crucial que irá exigiendo de igual forma, definiciones cruciales.

El ciudadano promedio está desentendido de lo estatal, no le importa. Desconoce el Estado, desconoce la autoridad, acepta otras autoridades (voluntariamente o por coerción) como las pandillas y los grupos de exterminio. Mientras los gobiernos sistemáticamente han favorecido esa relación lejana, ya que de esa forma se desentienden de los derechos que tiene la obligación de cumplir y hacer cumplir. Entonces, el Estado no existe, no sirve, no está presente y si lo está, a muy pocos le importa.

El problema fundamental es el futuro inmediato, y el desencajamiento cada vez más patente de lo político con lo electoral, en un sistema político basado en el monopolio de los partidos políticos. ¿Hay posibilidades de refundar el Estado en este contexto? Pues parece ser que no. La somalización puede iniciar en El Salvador.

* Docente investigador y coordinador del Departamento de Ciencias de la Computación.

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